21 de gen. 2017

STEYR. MONTENEGRO.



Los Steyr de Micó.

Llegamos a Montenegro, procedentes de Bosnia-Herzegovina. Un río- lago divide las fronteras. Paramos en un aparcamiento, para descansar, junto a un mirador del Lago. Al minuto tenemos a alguien ofreciéndonos dar una vuelta en Barca.




En el aparcamiento.
Hay un precioso camión TAM,4X4
 pero esta encajado de tal manera,
 que solo le podemos fotografiar el frontis.




LLegando a Podgorica, a unos cien metros de la carretera, distingo chatarra amarilla. Es cuestión de acercarse a ver que es. Material obras publicas, camiones o tractores.
 Hay una casa cercana.
 Aparco la furgoneta, detrás de un monticulo, que no sea vista. 
Me acerco a los camiones. Son tres STEYR, ya obsoletos semi abandonados. Esto es lo que Yo creía. Camara en ristre, los fotografió por delante, atras, bajos y costados.
Cuando regreso hacia la furgoneta.
 A lo lejos en la verja de la casa que antes había visto, hay un hombre  sin camisa, que me llama.
Yo tambien voy sin camisa. La calor obliga.
 Me acerco, chapurreando nuestros ingles, le doy a entender que soy aficionado a los camiones, principalmente antiguos. Que he sido transportista toda mi vida y ahora me dedico a cazar, la chatarra que encuentro olvidada, antes que el sol, el viento y la arena, la haga desaparecer, por los caminos de Europa y América y alguna parte de África.
Me pregunta  mi nombre. El me dice que se llama Micó, que también toda la vida, ha trabajado con camiones y otra maquinaria, en una época pasada de esplendor. El porque de los tres camiones Steyr. Pero que actualmente, la cosa esta mal.
 Solo tiene un Volvo volquete y una excavadora. Va haciendo.
Nos despedimos. Pero no me deja marchar. Quiere que pase la cancela y entre a su casa a tomar algo.
Le digo que muchas gracias, pero que mi mujer me espera en la Camper, detras del monticulo.
Me insiste y que vaya con mi mujer. No se que hacer. Voy en busca de la Camper y me plantó dentro su cancela. El suelo es de gravilla pulida, pequeños cantos rodados.
 Micó ya me espera. Se ha puesto una camisa. Yo hago lo mismo. Entramos a la casa, las puertas abiertas de par en par, por encima de tres escalones. Son puertas de mansión de doble hoja.
 Dentro un gran salón recibidor, con dos escaleras en forma de herradura que dan a la planta superior. Me acompaña a un gran salón semicircular, rodeado de ventanales, con las persiana medio bajadas para proteger del calor. Estamos a 36 grados.
Micó, nos presenta a su señora y a su hijo adolescente. Tiene una hija mayor, pero al ser domingo esta en una casita que tienen en la playa, con unas amigas.
Micó, como invitado, me ofrece un gran sillón, con orejeras. El sillón de las visitas importantes.  Deduzco.
El se sienta a mi derecha en un sofá junto con su hijo. Nuria sola en otro sofá enfrente mio, separados por una mesita de marmol y cristal. La mujer de Micó de pie, con un radio visual que nos controla.
La señora habla mejor inglés que su marido, poco a poco, nos vamos entendiendo. Hablamos de camiones de transporte y de obras públicas. Cuando hay alguna palabra dentro de la conversación que puede descifrar la pregunta y no entendemos, coge el teléfono, llama a su hija de la playa,  me pone el móvil a la oreja y que ella me lo explique. Ella, la hija, habla inglés perfecto. Las conversaciones a traves del telefono se suceden a cada momento.
Micó, manda a su mujer a la bodega que traiga una botella de vino.
 Es vino de anejo  de Montenegro, un gran vino.
 La Señora nos sirve a todos, pero ella no bebe, su hijo joven tampoco.
 Queda en  posición de toda la conversación.  De pie y guardando la distancia. Serán sus costumbres.
Acabada la botella, nos despedimos. Micó, nos propone que nos quedemos a comer, nosotros desistimos alegando, que queremos llegar con luz a Albania, no conocemos las carreteras y el viaje es difícil.
Convencido que nos llamaremos, nos despedimos largamente mientras nos encaminamos a la Camper.
Cuando vamos a marchar, aparece la Señora, con un gran cesto de tomates, pepinos,pimientos, calabacines. Tuvimos para todo el viaje.  Micó, asimismo nos ofreció una botella de vino de sus pequeños y particulares viñedos.
Conociendo esta gente, gran recuerdo de Montenegro.