Por los años sesentas, el Ordal en la nacional 340, era era uno de los dos pasos obligados para cientos de camiones, procedentes del mediterráneo sur, principalmente de Tarragona y Valencia. Un paso imperativo para conectar, a través de el Alt Penedés con las comarcas de la capital Catalana y también llegar a la frontera francesa. La mercancía. principalmente frutas y verduras. Verdura del Delta del Ebro, naranjas y otras frutas de Valencia. Tambien camiones con mercancías generales de lares mas cercanas banda y banda de el puerto.
Desde El Pago ( El Portazgo) sin tiempo a prepárate, nos aparece el primer repecho a derechas, a partir de allí la carretera no desiste en su subida rápida.
Época donde aquellos Pegaso y Barreiros nacionales competían con los Leyland Comet y Beaber ingleses, estos últimos, viniendo principalmente del País Valencià, rugiendo sus motores por la normal sobrecarga, dejando una estela humeante, cual caza en el cielo y bordeando las vides banda y banda de la carretera.
Antes de llegar a la cúspide del puerto, se nos abre en el eje de la carretera la pequeña población de Ordal. Población volcada económicamente ala N 340. Bares, Fondas restaurantes, despacho de pan, acogía a los conductores. Era parada obligatoria del camión antes de entrar al Baix Llobregat, puerta de Barcelona. En estos bares, fondas se intercambiaban las noticias de norte a sur. Se dejaban recados a compañeros por llegar o los que vendrían en sentido contrario. Tambien las familias dejaban noticias, buenas o malas por teléfono. Los camareros cogían las notas que se dejaban. Solo había que preguntar. Un interesante sistema de comunicación de aquellos años en la carretera. El único sistema particular.
Las conversaciones, aunque, algunos no se conocían surgían inesperadamente, estaban todos en la carretera, era como su casa (camión, bar, fonda, asfaltó) todos querían explicar a todos sus vicisitudes, averías, dolores de barriga y mecánicas dificultosas o estropeadas. Todo cabía en estos ratos, después otra vez la soledad de la cabina. Estas paradas "oficiales" era tan importantes como los lugares de carga y descarga.
El puerto de Ordal, lo malo no era su altitud, (480) era la configuración sinuosa de la carretera muy peraltada con pequeños altos y bajos consecutivos que suman y restan metros. Rampas que suben y bajan.
La otra opción era las costas de Garraf.
La bajada mucho mas complicada que la subida, apurando al máximo las marchas roncando los cojinetes y el diferencial, también tirando de freno motor quien lo tenia o los novedosos frenos eléctricos. Si en la subida, sin notarlo empezabas a subir desde Vilafranca, en la bajada venia todo de golpe. Viaductos curvas y peraltes se sucedían hasta llegar a las paellas de Vallirana. Arcenes preparados para la parada e enfriar frenos. Hasta Molins de Rey era un recorrido diabólico, atravesando poblaciones con peatones, perros, bicicletas con el consecuente peligro en las frenadas. La parte mas importante, de esta historia El freno.










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